jueves, 23 de mayo de 2024

Un regalo: Honduras. - Abril & Mayo/2024

Desde Belice entré a este país con una gran curiosidad pero también con cierta inquietud. ¿Por qué casi nadie se aventura a ir? ¿La seguridad ha mejorado lo suficiente? Si me desborda la situación ¿podré salir a tiempo? 

Afortunadamente, la experiencia es un grado y yo tuve en 2014 un buen susto en La Paz, Bolivia. Lo suficientemente grande como para que la lección se me quedara grabada a fuego, pero no tanto como para contener mi curiosidad viajera. Estuve a punto de ser víctima de un secuestro express que solo en el último momento se truncó. 

Esa experiencia me hizo entender a un viajero catalán que había conocido unos meses antes en Chile y que venía viajando desde México sin aviones. Él se reía al verme salir con mi mochila pequeña y me preguntaba qué llevaba en ella. Yo le respondía que lo necesario para el día: agua, un chubasquero, gafas de sol, crema solar, etc. En La Paz aprendí que nada de eso era necesario y a partir de entonces, cuando me muevo en una ciudad insegura, activo lo que denomino el "Modo robo". Eso significa que solo llevo algo de efectivo generoso, pero sin cartera ni tarjeta de crédito y, si necesito Google Maps o llamar a un Uber, llevo un teléfono básico. Nada más. Este "Modo" me da mucha confianza al saber que carezco totalmente de valor para alguien con malas intenciones. También me hace admirar enormemente a las mujeres viajeras, pues ellas no pueden pasar desapercibidas ante esas personas.


Con el Modo Robo activo entré en Honduras y descubrí un país extraordinario y una gente amable. Pero lo que más me sorprendió fueron los viajeros que conocí en Honduras, tan extraordinarios como el propio país. Es cierto que en sus dos grandes ciudades: San Pedro y Tegucigalpa, mantuve el Modo Robo activo, pero sinceramente no tuve la más mínima sensación de peligro. Claro es que por la noche me moví principalmente en Uber.


Antes de entrar tuve la suerte de conseguir un voluntariado que casualmente estaba en Omoa, muy cerca de la frontera, así que lo primero que hice al entrar al país fue pasar cinco días colaborando con una familia en su plantación de cacao. Fue un privilegio comenzar a conocer Honduras desde el seno de una familia local y con la actividad física requerida para el cacao. También lo fue conocer una pequeña parte del enorme trabajo requerido para disfrutar de nuestro chocolate en casa. Además, Omoa es un pueblo costero, así que tras el almuerzo me quedaba tiempo para disfrutar de la playa, excepto el primer día que caí frito sobre las seis de la tarde. ¡Gente de ciudad!


Mi equipaje para Centroamérica.







Mi segunda parada importante fue en Utila, un paraíso para el buceo con uno de los precios más baratos del mundo en buceos y cursos y ubicado en la segunda barrera de coral más grande del mundo. ¡Una combinación inmejorable! Quise hacer algunos buceos y acabé haciendo dos cursos y disfrutando de la maravilla del arrecife y sus pobladores. 









Aquí tuve el primer contacto con los viajeros que se aventuran en este país. Un mismo tipo de viajeros que me fui encontrando en el resto de mi periplo hondureño. La fama de Honduras asusta, por lo menos a mí me asustó, así que la mayoría de los viajeros que entramos aquí estamos haciendo un recorrido de larga duración y tratamos de no excluir ningún país. Una gran excepción es el turismo que llega a Roatan, que es una isla contigua pero mayor y con aeropuerto y que muchos turistas y jubilados, sobre todo de Estados Unidos y Canadá, visitan sin necesidad de deambular por el resto de Honduras.

Lo cierto es que no dejaba de admirarme al ir conociendo a mis compañeros de buceo y así pasó en el resto de los alojamientos donde estuve. Para poner un ejemplo, mi instructora de buceo y su novio, otro de los instructores, son argentinos y habían terminado un viaje de siete años en bici por toda América, pasando por Ushuaia y llegando al océano glaciar ártico. Uno de los grupos de personas con quien más me juntaba eran unos chicos franceses que llevaban años en una furgoneta camperizada comprada en Chile. Hace más de seis meses que su madre se jubiló y viajó con su perra para encontrarse con su hijo y nuera, compró otra furgoneta en Centroamérica y ahora viajaban los cuatro juntos. 

Otra cuestión que también me sorprendió fue la cantidad de personas que llegaron a Utila para hacer unos buceos durante tres o cuatro días y de eso hacía meses. De hecho unos cuantos vinieron para obtener el titulo básico -Open Water- y se iban con el de instructor -Dive Master-. Lo llamaban "from zero to hero". Definitivamente Utila tiene un imán especial. Sus fondos marinos son parte de ese imán pero su comunidad de viajeros es la otra parte.




La prueba más dura para ser Dive Master


Tras mi experiencia bajo el agua me tocaba ir a conocer el interior. Se trata de un país muy montañoso con una naturaleza extraordinaria gracias a su clima tropical. Disfruté de ríos, cascadas, lagos y, como no, de más viajeros extraordinarios.


Ricas y económicas Baleadas

Jungle River Lodge


Parque Nacional Pico Bonito.




Cascada Pulhapanzak


Pero Honduras también tiene grandes ciudades y mi "Modo robo" me dio la confianza necesaria para disfrutar de ellas. De hecho, me sorprendió ver como me desenvolvía con tanta soltura en una ciudad, cuando generalmente yo las evito o simplemente no me siento del todo cómodo. Lo cierto es que tanto en San Pedro Sula como en Tegucigalpa me moví de día sin problemas caminando y encontré a una gente muy amable, que en ocasiones saludaban por la calle y que me ayudaron con muy buena disposición siempre que se los solicité. Incluso me animé a salir de noche a varios conciertos y hasta fui por primera vez a un partido de fútbol, a ver "el clásico" hondureño.

San Pedro 

Goooooool!!!! en "Tegus"

Alrededores de Tegucigalpa:


¡Churros españoles!



Por supuesto que no estuve muchos días en ellas, pero en el caso de "Tegus" sí que me quedó pena de irme porque el día antes hice un recorrido por el Parque Nacional Tigra, a las puertas de la ciudad, y cuando regresaba me pararon en autostop los dueños de una empresa de turismo activo: "Honduras extrema" y me estuvieron enseñando actividades que ellos hacen en los alrededores de la capital. Me pareció asombroso todas esas posibilidades casi a las puertas de Tegucigalpa. Me hubiese encantado quedarme más, pero ya tenía el billete de bus para el día siguiente ir al Salvador.


P. N. Tigra

Desde mi alojamiento en San Salvador escribo este nuevo capítulo en mi diario de viajes y recuerdo los días pasados en Honduras con un cariño especial por cómo entré a ese país, con bastante recelo y casi como un deber moral de no excluirlo, y salí encantado de sus paisajes, de sus gentes y de sus visitantes. 


Honduras ha sido un regalo inesperado y maravilloso en mi camino que me hace estar agradecido al enorme privilegio que supone poder tener el tiempo necesario para haberlo encontrado.

sábado, 4 de mayo de 2024

Belice. Tan cerca y tan lejos. - Abril/2024

Mi estancia en Belice fue breve y no porque falten bellezas naturales para disfrutar, sino porque en muchos sentidos es una burbuja diferente del resto de Centroamérica. Hasta su capital, Belmopan, es una burbuja inventada dentro de otra.

Belice es un país muy joven que alcanzó su independencia de los britanicos  en 1981. Por tanto es un país muy conveniente y cómodo para el turismo estadounidense, con la consiguiente alza de precios que conlleva. A este país no le faltan atractivos: la segunda barrera de coral más grande del mundo -compartida con Honduras-, ruinas maya, cultura Garífuna -descendientes de esclavos africanos-, bosques, ríos y selva. Mi problema con Belice es que todo eso lo podía encontrar en los países vecinos, con una cultura mucho más centroamericana y con precios más barato. Supongo que para muchos turistas estadounidenses eso no importa porque creen que morirían a los cinco minutos de bajarse del avión en los países vecinos. ¡Pues vale!


Mi estancia en Belice se centró en San Ignacio, un pueblo con acceso a ruinas maya y mucha naturaleza, en donde encontré un hostel -Yellow belly- que invitaba a quedarte más tiempo mientras compartía vivencias con otros viajeros.






La guinda del pastel de San Ignacio es la excursión al ATM -Actun Tunichil Muknal-. Una cueva larga y laberíntica, con un río interior y que terminaba en una zona arqueológica de ceremonias y sacrificios dentro de la cueva. Fue una mezcla entre espeleología, cañoning y visita arqueológica. Divertido e interesante a la vez.





Otro día alquilé una moto y me moví por mi cuenta por el Mountain Pine Rige, una reserva natural llena de ríos y cuevas. La verdad es que me gustó pero, sobre todo, me gustó volver a moverme por mi cuenta. Ese día entendí que tenía que haber comprado una moto según llegué a México y haber hecho todo este recorrido de manera independiente. Ahora ya no tiene sentido porque me voy a mediados de junio. Pero tomo nota para futuras ocasiones. También me entró el gusanillo de afrontar otro viaje en bici. ¿No sé qué opinarán mis rodillas?





Abandoné el país por el sur, con lo que tuve la oportunidad de quedarme en el pueblo de Punta Gorda. Allí no encontré hostel con dormitorios compartidos y precios económicos, así que opté por un Airbnb. La verdad es que fue un regalo conocer a su dueña, Victoria, una mujer Garifuna, con una vida intensa y una energía desbordante, con la que compartí buenas conversaciones. El Airbnb es una opción más cara que los hostel, pero una de las cosas que no me están gustando de este viaje es que casi siempre paro en hostel donde principalmente hay europeos y norteamericanos. Estar dos días con Vitoria fue más caro, pero mucho más enriquecedor. También tomo nota.



Dejo atrás Belice y siento que voy a volver a entrar en Centroamérica, aunque geográficamente no haya salido. Honduras es mi destino. Llevo casi cuatro meses viajando desde México y sólo he encontrado a un único viajero que haya ido a Honduras. Eso acrecenta mi curiosidad. Todos los demás viajeros lo han evitado. Honduras tiene fama de peligroso. De hecho, San Pedro Sula fue declarada en 2015 la ciudad más peligrosa del mundo fuera de un conflicto bélico.




Desde entonces la situación ha ido mejorando y este joven viajero belga me contó que él se sintió cómodo. Pronto tendré mi propio punto de vista. 
¿Tal vez resulta que el belga tiene alma de Rambo? 
Yo no.
Voy intranquilo. 
Ya veré.


lunes, 22 de abril de 2024

Sorprendente Guatemala - Feb & Mar / 2024

No tenía mucha idea de qué me iba a encontrar en Guatemala y lo que hallé me deslumbró. Fui para un mes y me quedé dos. Otros destinos me llamaban y decidí irme, con pena, sabiendo que me quedaba por ver muchísimo de ese extraordinario país.




Creo que Guatemala todavía permanece infravalorado. Aún arrastra la mala prensa de una guerra interna terrible que entre 1975 y 1985 fue de una crudeza atroz. El ejercito oficial defendiendo intereses, principalmente multinacionales, y la guerrilla local, estimulada por los ejemplos de Cuba y Nicaragua, queriendo sacar al pueblo de la casi esclavitud en la que vivían. La paz se firmó en 1996, pero la herida en el pueblo perduró mucho más. Fue un privilegio leer allí el libro de Javier Reverte: "Trilogía de Centroamérica" en donde novela la realidad del conflicto.

Guatemala tiene unos lugares muy turísticos: Antigua, Lago Aritlán, Semuc Champey, Tikal, etc. Y unos shuttels que transportan a los turistas cómodamente de unos a otros ahorrándoles el tener que lidiar con la población local. Pero este país es mucho más. Es un país con un profundo acervo cultural maya, que lucha por salir adelante pese a una gran falta de infraestructuras y organización y con una gente extremadamente amable y religiosa.




Para los propios guatemaltecos, la capital es caótica y peligrosa. Yo solo fui un domingo de visita y no vi nada raro. En el resto del país me sentí seguro a excepción de las camionetas (chicken bus) que circulan por la Panamericana a lo que dan. Desde mi punto de vista me parece un disparate. La primera vez que tuve que aferrarme con todas mis fuerzas al asiento de delante para no salir volando al pasillo, le pregunté a mi compañero de montaña rusa si era normal aquello y con una sonrisa me contestó que sí. !Y una mierda!



Una de las agradables sorpresas de este país fue lo arraigado que está la cultura maya en buena parte de él. Era un placer ver a las mujeres vistiendo sus coloridos huipiles que aún se hacen a mano y conllevan muchísimo esfuerzo, por lo que son muy costosos y valorados. También los mercados era una fiesta de colorido y gastronomía a unos precios muy económicos. Yo trataba siempre de comer en ellos y por unos 2.5 € -20 Quetzales que es su moneda y el ave nacional de una belleza extraordinaria- podía comer una comida modesta pero saludable. Siempre acompañada de sus tortillas de maíz -especie de oblea que se usa para tacos o como pan.







20 Quetzales por:



Uno de los mejores momentos de mi viaje fueron diez días que pasé haciendo un voluntariado en la casa de una familia rural que tenían un pequeño restaurante. Esos días fueron una inmersión total en su cultura. Con los padres pude hablar de los tiempos de la guerra que aunque no fue tan dura por esa zona también me sobrecogió escucharles. Con los hijos, en torno a los veintitantos,  pude comprobar cómo viven hoy en día los jóvenes guatemaltecos -chapines- de un entorno rural. Debo admitir que me sorprendió la preponderancia que tiene el cristianismo. En concreto me pareció significativo como una persona con buena cultura y nacida en el siglo veintiuno hablaba de la teoría de la evolución como un disparate sin fundamento.





La leña que el padre trae de la montaña sujetada a su cabeza.

Mientras hacia el voluntariado uno de los hermanos me dijo que iba a ayudar a los voluntarios que estaban tratando de apagar el incendio del Volcán Agua, en Antigua. Por supuesto que no me perdí la oportunidad de estar allí.

Fue un privilegio ver cómo se involucró todo el pueblo de Santa Maria de Jesús, pegado a la falda del volcán, para apagar el incendio. Unos hombres subían a la montaña a combatir el fuego -hombres, sí, pues es una sociedad muy conservadora- mientras que en el pueblo se quedaban las mujeres cocinando y otros hombres, no tan acostumbrado a trabajar en el campo, para organizar el envío de bebidas y comida a los primeros. Lo que no me gustó nada fue saber que esa era toda la ayuda con que contaban para apagar el incendio y que no había una coordinación general, con lo que cada uno de los otros pueblos que circundaban el volcán hacían lo que les parecía oportuno: unos también apagaban su parte del volcán, otros no se preocupaba de la suya, otros colaboraban con pueblos vecinos... Me pareció una pena esa improvisación y desorganización de recursos y acciones. Eso sí, llenos de buena intención y solidaridad. Por otro lado me hizo darme cuenta del enorme privilegio que tenemos en España al contar con un servicio contraincendios tan profesionalizado y coordinado.



Como yo era el único hombre que ayudé en la cocina, las mujeres se quisieron hacer una foto conmigo cuando me despedí. ¡Qué honor!


La vida en Guatemala es dura, con unas infraestructuras muy malas y un sistema de transporte caótico, salen adelante con mucho trabajo y la mayoría lo lleva bastante bien, yo creo que ayudados de una Fe cristiana con muchas pinceladas de sus antiguas tradiciones mayas.


Predicando el Evangelio.





Ofrenda maya en el Lago Chiquibal dentro de un cráter.

Ceremonia maya-crisriana en la cima del Volcán Santa María, Quetzaltenango.





Conduciendoo la camioneta (chicken bus)

Y, por supuesto, no puedo olvidar el mayor atractivo para la mayoría de turistas que se aventuran a visitar este país: sus paisajes. Guatemala es volcanes, lagos, ciudades coloniales y ruinas mayas.

Semuc Champey 


Flores 

Lago Aritlán 


Volcán fuego 


Antigua

Cuando hablamos de pirámides enseguida nuestra imaginación vuela a Egipto. No he estado allí pero supongo que son impresionantes. Las de Guatemala también me lo parecieron. Sorprende sus dimensiones, no solo de las pirámides en sí, sino de las ciudades como Tikal que en su apogeo contaba con unos 100.000 habitantes. Esas ciudades fueron abandonadas antes de la llegada de los españoles y la selva las sepultó hasta hace bien poco. Los arqueólogos ahora destapan algunos de los edificios y pirámides de esas ciudades -se estima que el 5% está destapado- y estudian sus complejos calendarios, nahuales y costumbres embebidas en unos glifos que aún siguen siendo objeto de estudio.





Pero más allá de la famosa excursión de una mañana a Tikal en autobús, me animé a algo que me apetecía muchísimo desde la primera vez que otro viajero me lo comentó en México: el trekking de seis dias a la ciudad antigua maya de El Mirador que llegó a albergar unos 200.000 habitantes. Esta ciudad fue descubierta en 1933 y los arqueólogos tienen todavía una labor ingente oculta en la selva. Para llegar allí no hay carreteras sino que debes caminar dos días largos por senderos, así que el tercer día es cuando la puedes visitar. El Mirador y otros yacimientos menores que fuimos recorriendo por el camino están absorbidos por la inmensidad de la segunda selva más grande del planeta, después de Amazonas. Para mí la caminata por la selva fue espectacular y todas las noches teníamos el privilegio de ver la puesta de sol desde lo alto de una pirámide de unos 2500 años de antigüedad. Mirando a la redonda desde esas extraordinarias atalayas solo se ve selva. Como si fuese un mar de nubes, pero en este caso el gris se ha sustituido por un denso e intenso verde desde el que miles de aves y el aterrador rugido del inofensivo mono aullador ponen sonido a la anaranjada luz del atardecer.












Guatemala fue una sorpresa y un regalo en mi viaje. Me pregunto si me dejaré de sorprender. Cuándo me cansaré de viajar.

Con países como Guatemala creo que aún tengo curiosidad para rato. Qué así sea.